Tesoro escondido
- Joselyn Calderon
- 29 ago 2025
- 3 min de lectura

COMAS. ESTACIÓN DE BIBLIOTECA PÚBLICA RICARDO PALMA SORIANO
Tesoro escondido
Desde que supe que lo visitaría nuevamente, una emoción cálida me
recorrió el pecho. Libros, sueños, historias y caminos: este espacio
representa una joya silenciosa que brilla con intensidad.
Joselyn Calderon Flores
Universidad Tecnológica del Perú
Visitar la estación de biblioteca umbral a un mundo encantado, una puerta de sabiduría que espera ser abierta con los dedos curiosos del lector. A diferencia de la imponente
Biblioteca Nacional del Perú, esta estación es más pequeña, pero no menos mágica.
Ubicada en la avenida Las Palmeras s/n, urbanización Repartición, dentro del parque Ricardo Palma, esta estación se levanta como un faro del saber en medio del distrito. Cada paso que me acercaba al lugar era una promesa de descubrimiento.
Al cruzar la puerta sentí como si me reencontrara con un viejo amigo. El murmullo
de las páginas al pasar se asemejaba a un coro de voces que cantaban en silencio. Al ingresar nos recibió el referencista, Marco Córdova Ramírez, quien con una sonrisa amable nos dio la bienvenida y nos habló del lugar con orgullo contagioso.
Nos contó que esta biblioteca alberga aproximadamente 9,200 libros, abarcando una diversidad de géneros. Ese día fui testigo de la llegada de nuevas almas de papel, donadas por una universidad. Ver los libros acomodarse en los estantes fue como presenciar una ceremonia secreta entre el conocimiento y el tiempo. Lo que más me impresionó fue saber que cuentan con libros en braille. Estas pequeñas joyas invisibles son faros para quienes navegan el mundo con otros sentidos. La inclusión, en esta estación, no es discurso: es acción.
Cada sala, un universo
Continué mi recorrido y descubrí que cada sala de la biblioteca es un universo con
atmósfera propia. La sala infantil es un paraíso para los más pequeños. Colores vibrantes, mesas y sillas pequeñas y cuentos ilustrados invitan a los niños a dejarse llevar por la imaginación. Aquí, los libros son cometas que elevan los sueños de los niños, ayudándolos a descubrir mundos mágicos en cada página. La sala escolar, por su
parte, es el rincón del esfuerzo y la constancia.
Los estudiantes llegan con tareas bajo el brazo
y esperanzas en el corazón.
Enciclopedias, diccionarios y textos escolares se convierten en aliados del conocimiento. En este lugar, el conocimiento se convierte en cimiento del futuro, donde la lectura es la brújula que los guía en su travesía académica.
En la sala de lectura, el tiempo parece detenerse. Allí, el silencio tiene un tono propio,
como el de una sinfonía pausada. Ese día, vi a un joven sumergido en su libro, completamente abstraído del mundo exterior. Aquí, cada lector encuentra refugio, cada palabra es una caricia para el alma y cada libro es un portal hacia otro lugar. Leer allí es como conversar con el universo en voz baja.
Y como joya tecnológica, la biblioteca cuenta también con una mediateca, un espacio donde la modernidad se encuentra con la educación. Equipada con computadoras y acceso a internet, este espacio es vital para quienes buscan información digital, recursos audiovisuales o simplemente ampliar su conocimiento más allá del papel. Es una herramienta fundamental en la era del conocimiento.
Más que libros
Mientras escuchaba a Marco Córdova, comprendí que una biblioteca pública es mucho
más que un conjunto de libros. Es un espacio donde no importa la edad, condición económica o nivel de estudios. Aquí todos somos iguales frente al saber. Aquí nadie pregunta cuánto ganas, sino cuánto quieres aprender.
En Comas, un distrito donde muchas veces el ruido de la inseguridad opaca las voces de la esperanza, una biblioteca pública es una antorcha. Representa una oportunidad para cambiar vidas desde la raíz.
La biblioteca no solo alberga libros, sino que también guarda historias, sueños y caminos. Es un espacio donde los niños vuelan, los jóvenes se forman y los adultos se reconcilian con el tiempo. Es el tesoro escondido de Comas, una joya silenciosa que brilla en medio del parque, esperando por cada alma dispuesta a leer.
Y así, entre estanterías y susurros de papel, comprendí que una biblioteca no es solo un edificio con libros, sino también un corazón que late al ritmo de la comunidad que la habita. En cada sala, esta estación grita sin levantar la voz. Volveré, lo sé, porque esta biblioteca abre sus puertas de lunes a viernes, de 9:00 a. m. a 5:30 p. m.
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